Estoy leyendo el último libro de mi editorial favorita, y no puedo mas que opinar. Es una compilación de textos en torno a un muy loable tema: el odio. Y más concretamente el odio a la ciudad de Barcelona. Me lo pillé casi que con ansiedad, ávida de leer párrafos y párrafos sangrientos de odio visceral, de ese de verdad, del que te hace que te estalle el hígado y no te lo vuelva a poner en el sitio nada más que unas cuantas sesiones de acupuntura fina. Pero no. Se salva el texto de Llúcia Ramís: Barcelona, la gran Madame. Ahí puedes ver un poco de resentimiento, un poco de maldad al comparar a la ciudad con una puta, pero no somos todas unas putas al fin y al cabo, y la autora del texto es la primera en admitirlo.
Divertidísimo el texto de Javier Blánquez, que odia Barcelona porque los punkies se cuelan en el metro y las guiris se hacen pis en la Rambla, ardo en deseos de conocer a este individuo. No, no es un abuelito casposo y franquista con ganas de tocarte el hígado, es un mozo nacido en el 75, como yo!
Yo odio Barcelona, pero yo la odio de verdad, no como estos blandengues, mi odio tiene como eje La Rambla, lugar absurdo y odiable como pocos. He tenido la desgracia de vivir a ambos lados de ella: en el gótico, en la calle Raurich y en el Raval, en el passatge de la Virreina. Puestos a ponerse fachillas como el Blánquez, yo en La Rambla pondría a unos cuantos mossos, pero no para ponerle multas a los sufridos cilclistas como ahora, sino a controlar la entrada a las mismas. Y sólo entraba el que presentara su carnet de residente. Porque es vergonzoso como las ramblas están colonizadas de guiris con la cámara al cuello y la cartera al descubierto. No se puede vivir en el puto centro de Barcelona. Propongo que como opción se construya una rambla virtual en el forum (que le den una utilidad práctica de una vez a tanto metro cuadrado) y que se lleven a todos los autobuses de guiris allí, a que se paseen rambla arriba, rambla abajo, si total, que más les dá, y de paso solucinában el problema de la repartición de riqueza autogestionada, es decir, de los robos a turistas en la Rambla.
Odio Barcelona porque para ser feliz en ella tienes que estar en los extremos, me explico, sólo se vive bien en Barna si no tienens un puto duro o si estás forrao. De okupa se vive bien, se recicla bien, se roba bien. Con mucha pasta pues te da igual pagar cifras astronómicas por unas tapas y una caña, te da igual pagar unos alquileres altísimos, te da igual todo, vaya. Viene a ser como la Barcelona que retrata el Allen en su última peli, la de Vicky Cristina Barcelona. Esa es la Barcelona que conoce él, y le parece preciosa, claro, con las mansioncitas en Pedralbes, los paseos en yate y los restaurantes con encanto a 50 euros el cubierto.
Pero si eres clase media o peor, clase baja baja sin ansias revolucionarias, entonces estás jodido. Te alquilas una mierda de piso por un pastón, y no te quejes que a la abuelita de abajo le están haciendo mobbing y se va a tener que ir debajo de un puente a los 85.
Mucho festival, mucho festival pero están cerrando todos los espacios para la creación, no me sé las cifras y ni quiero buscarlo en google, pero en los últimos años se han cerrado un número indecente de estudios de artistas en la ciudad, fábricas y fábricas que se destinaban a la creación en Poble Nou, cerradas para la pura especulación inmobiliaria, que se ha comido a la ciudad. Y aquí no paga ni Dios, los sueldos son una mierda, así que la peña se va en camiones a Berlin, donde tampoco hay dinero, pero por lo menos puedes tener un espacio decente donde vivir y crear y además comer fuera está tirado.
Hasta los mismísimos ovarios de este asco de ciudad. Y sí, voy a la fiesta. Pero que nadie me presente al Blánquez por favor.

