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Por qué la etiqueta hetero/homo/bi no tiene sentido


Tuesday, October 20, 2009

[...] Una vez, después de contar mi experiencia en el hamman de Fez, me preguntaron si creía que aquellas mujeres eran lesbianas o tenían relaciones lésbicas. Me lo quedé pensando, porque antes no me lo había planteado en esos términos. Y me dí cuenta que la pregunta no tenía sentido; mejor dicho, que lo que no tenía sentido era aplicar nuestra codificación sobre sexualidad a aquel mundo. Aquí la conducta sexual está tan normativizada, que se tiene que normativizar y fijar hasta lo que no pueden evitar que se salga de la norma, precisamente para delilmitar y reforzar más la norma. Lo más importante de la prohibición y del tabú del sexo en general, y del femenino en particular, es cortar la espontaneidad, el fluir espontáneo. De manera que para cualquier tipo de relación, por ejemplo, homosexual, tengamos que dar el paso de asumirnos como gays o lesbianas, lo cual es todo un proceso a nivel psíquico y social, que de entrada frena las prácticas homosexuales; así, cada práctica sexual, en lugar de fluir espontáneamente con el deseo, tiene que pasar por toda esa barrera de la definición, ante la cual lo que suele suceder es que se inhibe inconscientemente, lográndose el objetivo de que el deseo no esté permanentemente recorriendo el campo social (en palabras de Deleuze y Guattari). Lo que creo de las mujeres del hamman de Fez es que, simplemente, había en ellas vestigios de una vitalidad femenina desaparecida en el mundo occidental.

Casilda Rodrigáñez.
SOBRE LA VIOLENCIA INTERIORIZADA EN LAS MUJERES. (Exposición oral)
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One Response to “Por qué la etiqueta hetero/homo/bi no tiene sentido”


  1. Alter Higa Says:

    Muy de acuerdo. Tuve una experiencia similar en otro contexto.
    Creo que el sistema necesita categorizar para controlar. Y persiste una tendencia a homogeneizar -incluso- esas categorías. Observo que, provoca miedo el libre y espontáneo ejercicio del deseo. Y es curioso, porque si bien apoyo esos procesos de visibilidad – como forma de naturalizar toda expresión de la sexualidad-…me ocurre que estoy abriendo mi propia sexualidad a campos que antes no contemplaba. Es decir que, dejo que fluya con espontaneidad.
    Y eso choca. Pero debiera ser, al fin, lo más personal. Y lo más natural. Una verdadera revolución.

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