La casa arriba de la montanya

Una vez me fui a ver a un amante al que no veía desde hacía tiempo. Vivía en una casa arriba de una montaña. Subí y subí y me encontré de camino a colegas con los que vivía y me dijeron que estaba enfermo, que se alegraría de recibir visita.

Tardó mucho en abrirme, pero como me había encontrado a sus colegas, insistí e insistí. Cuando por fin me abrió su aspecto era lamentable. A penas podía abrir los ojos. A penas podía caminar. Tenía sólo una gripe, pero había tomado tantos medicamentos combinados con porros que no sabía ni donde estaba. La habitación era un caos. Era como si hubieran tirado diez ceniceros llenos de colillas por el suelo y hubieran roto a continuación varias botellas y los cristales se hubieran esparcido por toda la habitación. Olía a meado de perro. Y a caca de perro. Me metí en la cama con él porque no había ningún otro sitio donde sentarme. “Eres como una alucinación”, me dijo. Hacia mucho tiempo que no nos veíamos. Hacía mucho tiempo que no follábamos.

Él había sido siempre muy directo y nuestra relación se había basado en el sexo, así que sin preliminares, pasó al ataque. Yo intenté pararle, quería hablar con él, tal vez prepararle un té caliente. Pero él insistía en quitarme la ropa, no me escuchaba. Me empecé a dar cuenta de que estaba muy ciego y que era imposible razonar con él. Intenté salir de la cama, pero no me dejó. Era muy fuerte, era más fuerte que yo. Empecé a forcejear pero hubo un momento en el que ya no tenía más fuerzas, entonces entré en pánico. Pensé en gritar, pero no había nadie en la casa, así que no tenía sentido.

No sé como lo conseguí, pero le paré. Y cuando ya había conseguido calmarle, cuando ya sentía que volvía a tener el control de la situación, sentí el deseo subir por mi cuerpo como un rayo. Entonces me puse encima de él y le follé hasta que me corrí. Me aparte a un lado, él no se había corrido. Él quería seguir pero le dije que no quería follar más, que ya me había corrido. Cuando me corro no me gusta seguir follando. Me miró y creo que pensó en estrangularme.

3 Responses to “La casa arriba de la montanya”

  1. Pardal Says:

    Qué texto!

    ¡Cuanta fuerza me ha transmitido! Me han dado tantas ganas de quedarme callado que casi no escribo mensaje alguno. Solo porque no hay posibilidad de colgar en el foro miradas o respiraciones me he decido a escribir cuatro palabras.

    En ese contexto de violencia. Entre esos forcejeos torpes y angustiosos florece una fuerza sobrecogedora…

    creo que durante mucho tiempo… cuando quiera sobrevivirme… cuando necesite acelerar el paso, tratare de escalar por mi cuerpo.

  2. Patricia Says:

    Pregunta torpe: después de correrte…¿no mola volver a correrte?.

  3. Eva Says:

    Después de correrme una vez, siempre quiero otra, y otra… y otra… 😉