Blanca Navidad

¿Has sentido desde siempre una fobia incontrolada hacia los parques en domingo, llenos de carritos empujados por madres, padres o hermanos celebrando su aburrida y rancia normalidad? Yo desde pequeña lo vi muy claro, antes muerta que entrar en esa coreografía de mundo soleado de domingo. Las navidades son otro gran momento, mucho más sangriento a veces, de esta celebración de la familia. Las bodas, los bautizos, las cenas de navidades, los encuentros familiares me provocan un estado de depresión inmediato que evito siempre que puedo.

Estas navidades he encontrado algo mucho mejor que hacer junto con otras 70 mujeres en Alemania. Un encuentro de artes marciales que se lleva autogestionando desde hace 30 años. Allí he pasado unas blancas y tranquilas navidades entre llaves, caidas y agarres, juegos, discusiones y mujeres de todas las edades. Para mí ha sido definitivo el conocer a mujeres de 40, 50, 60 años -yo tengo 30 ahora- compartir con ellas los límites y las aperturas de una experiencia colectiva atravesada por la práctica y el pensamiento feminista, reapropiarnos de estas fechas tan señaladas y quedarme fascinada con ellas, con su energía, con su locura, con sus trayectorias vitales y políticas, sus proyectos pasados y presentes, y pensar yo de mayor quiero ser como ellas.

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